21 de noviembre de 2014

Los Cuentos de Almu

Muchos de vostros sabéis que hubo una época en la que yo contaba cuentos: cuentos para adultos en los bares, cuentos para niños en los coles y cuentos para adolescentes en los campamentos. Es una faceta que no he olvidado nunca, y aquélla fue una época muy bonita en la que aprendí muchísimo. Ahora ya no cuento, aunque es algo que me encantaría retomar.


Quiero decir que estos cuentos y microcuentos no han sido inventados por mí, pero sí completamente "re-escritos", re-modelados, re-nacidos. Cogía una idea en alguna frase de un libro, o de otro cuentero y modelaba el cuento... A mi manera... Siempre que esté segura y/o lo recuerde, citaré a su verdadero autor.



HOY EN LA CIUDAD
TODOS, ABSOLUTAMENTE TODOS,
SE LEVANTARON CON GRANOS DE AZÚCAR
EN LOS LABIOS.
PERO SÓLO SE DIERON CUENTA
LOS QUE, AL DESPERTAR ,
SE BESARON.
(Literal. Autor?)

Había una vez cuatro individuos llamados Todo-el-Mundo, Alguien, Nadie y Cualquiera. Siempre que había un trabajo que hacer, Todo-el-Mundo estaba seguro de que Alguien lo haría, Cualquiera podría haberlo hecho, pero Nadie lo hizo. 
Cuando Nadie lo hizo, Alguien se puso nervioso, porque Todo-el-Mundo tenía el deber de hacerlo.  Al final, Todo-el-Mundo culpó a Alguien cuando Nadie hizo lo que Cualquiera podría haber hecho.
 (Literal. Autor?)


LA PRIMERA VEZ QUE SE JUGÓ AL ESCONDITE
(Anónimo, versionado por mí).

Cuentan (y es verdad) que hace muchos, muchísimos años (antes incluso de que existieran los dinosaurios), se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres; cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura, tan loca como siempre, les propuso: “¿Jugamos al escondite?”. La intriga levantó la ceja intrigada y la curiosidad, sin poder contenerse, preguntó: “¿Al escondite? Y... ¿cómo es eso?”, “es un juego –explicó la locura- en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras todos os escondéis y, cuando yo haya terminado de contar, el primero de vosotros que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego”.

El entusiasmo bailó secundado por la euforia, la alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda e incluso a la apatía, a la que nunca le apetecía hacer nada; pero no todos quisieron participar: la verdad no quiso esconderse, para qué si al final la iban a hallar...; la soberbia opinó que era un juego muy tonto, pero en el fondo, lo que le molestaba, era que la idea no hubiera sido suya; y la cobardía prefirió no arriesgarse.

“Un, dos, tres” comenzó a contar la locura. La primera en esconderse fue la pereza que, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino, la fe subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo que, con su propio esfuerzo, había logrado subir a la copa del árbol más alto; la generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino ideal para la belleza, que si la sombra de un árbol, perfecta para la timidez, el vuelo de una mariposa, lo mejor para la voluptuosidad, una ráfaga de viento, genial para la libertad,... Así que terminó por ocultarse en un rayo de sol. El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: cómodo, ventilado, pero eso sí, para él solito. La mentira se escondió en el fondo de los océanos... ¡mentira! En realidad se escondió detrás del arco iris, y la pasión y el deseo, en el centro de los volcanes. Por las estrellas se escondieron los sueños y detrás de la Luna, la imaginación. El olvido... el olvido se me olvidó dónde se escondió, pero eso no es lo importante; cuando la locura contaba 999.999, el amor no había encontrado todavía sitio para esconderse, y es que dicen (y es verdad) que cuando uno está enamorado, el amor es difícil de ocultar... Todo se encontraba ocupado, pero, al final, divisó un rosal y, enternecido, decidió esconderse entre sus flores...

“Un millón” terminó de contar la locura y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la pereza, sólo a tres pasos de la piedra; después escuchó a la fe discutiendo con Dios en el cielo sobre teodicea, y a la pasión y al deseo los sintió en el vibrar de los volcanes... En un descuido encontró a la envidia y, claro, pudo deducir dónde estaba el triunfo; al egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solito salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas... De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la belleza; con la duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de qué lado esconderse. Así fue hallando a todos: el talento entre la hierba fresca, la angustia en una oscura cueva, la mentira detrás del arco iris, los sueños en las estrellas, tras la Luna la imaginación,... y hasta al olvido, que ya había olvidado que estaba jugando al escondite; pero sólo el amor no aparecía por ningún sitio, y es que dicen (y es verdad) que cuando al amor lo buscas, no aparece, él no va... La locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas y, cuando estaba a punto de darse por vencida, divisó un rosal. Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas cuando, de pronto, un doloroso grito se escuchó: las espinas habían herido en los ojos al amor. La locura no sabía qué hacer para disculparse: lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo. Y así fue como, desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la Tierra, el amor es ciego y la locura lo acompaña.


(Almudena –Nov. de 2000).



VENTANA SOBRE LA LLEGADA

Mis padres me bautizaron en el río de mi pueblo y, en el bautismo, me enseñaron lo sagrado:
Me regalaron una caracola para aprender a amar el agua.
Abrieron la jaula de un pájaro preso para enseñarme a amar el aire.
También me enseñaron lo sagrado regalándome una flor violeta, para aprender a amar la tierra.
Y una pequeña botella cerrada, de la que me dijeron: "no la abras, no la abras nunca: para aprender a amar el misterio".
(Almudena A.I., Mayo de 2004,
basado en un fragmento de Eduardo Galeano).


LA RESURRECCIÓN DEL PAPAGAYO

Se asomó, se mareó y se cayó. El papagayo se cayó a la olla que humeaba y se ahogó en la sopa caliente, por curioso.
La niña, que era su amiga, lloró.
La naranja se desnudó de su cáscara y se le ofreció de consuelo.
El fuego que ardía bajo la olla, se arrepintió y se apagó.
Del muro se cayó una piedra.
El árbol, que estaba inclinado sobre el muro, se estremeció de pena y todas sus hojas fueron a parar al suelo.
Como todos los días, llegó el viento a peinar el frondoso árbol y, al encontrarlo pelado, perdió una ráfaga.
La ráfaga abrió una ventana, anduvo sin rumbo por el mundo y subió al cielo.
El cielo, al enterarse de lo ocurrido, se quedó pálido.
Y, al ver el cielo blanco, el hombre se quedó sin palabras.

El alfarero del pueblo quiso saber. Cuando el hombre, por fin, recuperó el habla, le contó:
que el papagayo se había ahogado,
que la niña había llorado
y que la naranja se desnudó y se le ofreció de consuelo,
que el fuego, arrepentido, se había apagado,
que del muro cayó una piedra
y que el árbol perdió todas sus hojas,
que el viento perdió una ráfaga,
que la ventana se había abierto,
que el cielo se quedó sin color
y el hombre sin palabras.

Entonces, reunió el alfarero toda la tristeza y, con ésta y los otros materiales, hizo renacer al muerto... El papagayo que surgió tenía
plumas azules de cielo,
verdes de las hojas del árbol
y plumas rojas de fuego,
también tuvo agua de lágrimas para beber
y con su pico, duro de piedra y dorado de naranja
tuvo palabras humanas con las que hablar
y, al descubrir la ventana abierta para escaparse,
¡se montó en la ráfaga de viento para volar...!


(Almudena A.I., Mayo de 2004. Mínimamente transformado por mí, menos la cursiva,
que no pertenece a la historia, sino que la inventé yo como final para mi cuento)




SI LOS TIBURONES FUERAN HOMBRES
(Literal, Bertold Brecht)


"-Si los tiburones fueran hombres -preguntó al señor K la hija pequeña de su patrona- ¿se portarían mejor con los pececitos?

-Claro que sí -respondió el señor K- Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar cajas enormes para los pececitos, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta, enseguida se la vendarían de manera que el pececito no se les muriera prematuramente a los tiburones.

Para que los pececitos no se pusieran tristes, habría, de cuando en cuando, grandes fiestas acuáticas, pues los pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes.

También habría escuelas en el interior de las cajas. En esas escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Necesitarían tener nociones de geografía para localizar mejor a los grandes tiburones, que andan por ahí holgazaneando. Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría; también se les enseñaría a tener fe en los tiburones, y a creerles cuando se les dijese que ellos ya se ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececillos deberían guardarse bien de las bajas pasiones, así como de cualquier inclinación materialista, egoísta o marxista. Si algún pececillo mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo inmediatamente a los tiburones.

Si los tiburones fueran hombres, se harían naturalmente la guerra entre sí para conquistar cajas y pececillos ajenos. Además, cada tiburón obligaría a sus propios pececillos a combatir en esas guerras. Cada tiburón enseñaría a sus pececillos que entre ellos y los pececillos de otros tiburones, existe una enorme diferencia. Si bien todos los pececillos son mudos, proclamarían; lo cierto es que callan en idiomas muy distintos y por eso jamás logran entenderse. A cada pececillo que matase en una guerra a un par de pececillos enemigos, de esos que callan en otro idioma, se les concedería una medalla de valor y se le otorgaría, además, el título de héroe.

Si los tiburones fueran hombres, tendrían también su arte. Habría hermosos cuadros en los que se representarían los dientes de los tiburones en colores maravillosos, y sus fauces como puros jardines de recreo en los que da gusto retozar. Los teatros del fondo del mar mostrarían a heroicos pececillos entrando entusiasmados en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que, a sus sones, arrullados por los pensamientos más deliciosos, como en un ensueño, los pececillos se precipitarían en tropel, precedidos por la banda, dentro de esas fauces.

Habría a sí mismo una religión, si los tiburones fueran hombres. Esa religión enseñaría que la nueva vida comienza para los pececillos en el estómago de los tiburones.

Además, si los tiburones fueran hombres, los pececillos dejarían de ser todos iguales como lo son ahora. Algunos ocuparían ciertos cargos, lo que los colocaría por encima de los demás. A aquellos pececillos que fueran un poco más grandes, se les permitiría incluso tragarse a los más pequeños. Los tiburones verían esta práctica con agrado, pues les proporcionaría mayores bocados. Los pececillos más gordos, que serían los que ocupasen ciertos puestos, se encargarían de mantener el orden entre los demás pececillos, y se harían maestros y oficiales, ingenieros especializados en la construcción de cajas, etc.

En una palabra: si los tiburones fueran hombres, habría por fin una cultura en el mar."


(BRECHT, Bertold: Si los tiburones fueran hombres, en Historias de almanaque, Alianza; Madrid, 1979, pág. 133).








2 comentarios:

  1. Yo también he contado este cuento alguna vez a mis niños estando de campamento!!
    Me encanta la idea del blog. Te paso un blog, que si no conoces, te va a encantar. Les sigo desde hace años (y alguna vez les he cogido prestado algún que otro texto)
    http://borronycuentonuevo.blogspot.com.es/
    Un besazo!

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    1. Sí lo conozco, pero no me acordaba, muchas gracias Pape!! :D Ya iré publicando más cuentos, igual te sirven para cuando te vayas de acamapada con tus amigos (la mayoría NO son para niños...)

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